El gasto en salud de los hogares mexicanos aumentó en los años recientes, alcanzando cifras récord.

El gasto promedio trimestral por hogar pasó de $1,136 pesos en 2018 a $1,605 en 2024, un aumento 20 veces mayor que el crecimiento general del gasto de los hogares en el mismo periodo. Este incremento, revelado por la Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares (ENIGH), muestra las deficiencias del sistema de salud público y la creciente carga financiera para las familias, y coincide con reformas estructurales en el sistema de salud, como la desaparición del Seguro Popular y del INSABI.
La situación es más grave para los hogares de menores ingresos, ya que el gasto en salud es profundamente regresivo. En 2024, las familias del 10% más pobre destinaron el 17.8% de sus ingresos a gastos de salud, mientras que los hogares del 10% más rico solo gastaron el 9.6%.
También hubo un aumento significativo en los gastos catastróficos, que son aquellos que superan el 30% de la capacidad de pago de un hogar. Más de 1.1 millones de hogares incurrieron en estos gastos, un 64.5% más que en 2018. El gasto en salud también empobreció directamente a 287,000 hogares, obligándolos a sacrificar gastos esenciales como la alimentación y la educación.
Varios factores explican por qué las familias más vulnerables gastan más. El principal es la falta de acceso a la seguridad social, lo que los obliga a recurrir a la atención privada. Esta tendencia ocurre debido a la limitada o inexistente oferta de servicios públicos en zonas rurales y periurbanas, donde la gente se ve forzada a buscar atención médica en el sector privado o a automedicarse.

La falta de seguro médico es el principal predictor de que un hogar enfrente gastos catastróficos. Otros factores de riesgo son la presencia de una persona con discapacidad, un adulto mayor de 60 años, o la ocurrencia de un parto.
Las disparidades territoriales también son evidentes. Aunque los hogares urbanos gastan más en términos absolutos, las familias rurales enfrentan una carga financiera desproporcionadamente mayor. El gasto en salud representa el 4.4% del presupuesto total en zonas rurales, frente al 3.2% en áreas urbanas. Esta diferencia se debe a que, a pesar de sus menores ingresos, las familias rurales destinan una porción mucho más grande de sus recursos a la atención médica. La escasez de clínicas y hospitales públicos en estas zonas los obliga a viajar o a buscar atención privada.
Un dato alarmante es que el 60% de los gastos catastróficos no se deben a cirugías, sino a la falta de cobertura de servicios básicos como medicamentos y atención ambulatoria.

