
El costo de la salud: una carga desigual para cada región
El gasto en salud de las familias mexicanas ha aumentado drásticamente, reflejando un sistema con profundas desigualdades. El gasto promedio por hogar creció un 41.3% entre 2018 y 2024, alcanzando los $1,567 pesos trimestrales. Esta carga es especialmente pesada en los estados del sur, donde familias de Chiapas y Oaxaca destinan una mayor proporción de sus ingresos a la salud.
¿En qué se gasta más?
- Medicamentos: Representan el 31.3% del gasto en salud. Este elevado gasto de bolsillo sugiere dos problemas principales: la falta de abastecimiento en el sector público y una atención que se centra más en tratar los síntomas que en la prevención.
- Servicios médicos: Con un 29.3% del gasto, incluyen consultas y estudios.
- Atención hospitalaria: Aunque solo representa el 13.3% del gasto total, una hospitalización puede ser devastadora, ya que es la principal causa de gastos catastróficos.
Factores detrás del aumento
El incremento en el gasto de bolsillo se debe a una combinación de factores:
- Cambios institucionales: La transición del Seguro Popular al INSABI y luego al IMSS-Bienestar creó un vacío de cobertura, obligando a los hogares a pagar por servicios que antes se consideraban gratuitos.
- Tendencias demográficas: El envejecimiento de la población ha elevado la demanda de tratamientos costosos para enfermedades crónicas, con un gasto en salud que se disparó un 46% en los hogares con adultos mayores.
- Presiones económicas: La inflación en servicios médicos ha sido superior a la inflación general, y la pandemia de COVID-19 aceleró la búsqueda de opciones privadas.

México, muy por encima del estándar global
México tiene un gasto de bolsillo en salud del 41%, una cifra que duplica la de la mayoría de los países de la OCDE (18.6%) y está muy por encima del 20% recomendado por la Organización Mundial de la Salud (OMS). Esto ubica a México entre las naciones con menor protección financiera en salud. Este escenario de gasto insostenible se relaciona directamente con la baja inversión pública, que apenas alcanza el 3.8% del PIB, muy lejos del 6% que la OMS considera un umbral seguro.
Un sistema insostenible
El aumento de los gastos catastróficos, que afectaron a 1.11 millones de hogares en 2024, es la señal más clara del deterioro. Los hogares más pobres destinan casi el doble de sus ingresos a la salud (17.8%), los más ricos, (9.6%), lo que evidencia que el sistema no está cumpliendo su función de protección social.
Se necesitan reformas estructurales urgentes que unifiquen el sistema, aumenten la inversión pública y fortalezcan la atención primaria. De lo contrario, las familias seguirán enfrentando cargas económicas excesivas que solo perpetuarán la desigualdad.
